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miércoles, 11 de abril de 2018

Tarta San Marcos


La tarta San Marcos es un clásico de la repostería española. Se trata de un bizcocho relleno de nata con cobertura de yema tostada. Su elaboración es fácil a pesar de que tiene muchos pasos  y el resultado exquisito.  Según parece su nombre se debe al convento de San Marcos en León.  No sé si esto es cierto pero desde luego el antiguo convento de San Marcos convertido hoy en parador es una joya arquitectónica que bien se merece de homenaje una tarta como esta. 

El bizcocho

Lo que mejor le va a esta tarta es un bizcocho genovés por su ligereza ya que no lleva grasa ni tan siquiera levadura,  de ahí la importancia del batido para meter aire y que pueda subir durante la cocción.

Ingredientes para un molde de 20 cm:
  • 120 g. de harina
  • 120 g. de azúcar
  • 4 huevos medianos

Precalentar el horno a 170º con calor arriba y abajo

Las yemas
Claras a punto de nieve
Se separan las yemas de las claras para batirlas cada una por su lado y empezamos el proceso.

Añadimos la mitad del azúcar a las yemas, batimos a máxima potencia hasta tener una consistencia blanquecina y espumosa,  y las reservamos.

Batimos las claras a punto de nieve y cuando empiecen a montar echamos el resto del azúcar. Es muy importante montar bien las claras ya que al no llevar levadura será el aire que aportemos con las claras el que hará que suba el bizcocho.


Horneado
Las yemas reservadas se agregan a las claras muy despacio y con movimientos envolventes de abajo a arriba.

De la misma forma se añade la harina tamizada intentando perder la menor cantidad de aire posible.

Hornear a 170º unos 45 minutos, si vemos que a mitad de cocción se tuesta mucho por arriba quitaremos el calor de la zona superior, si vuestro horno no tiene esta opción, pondremos la bandeja del horno en la parte más alta para que actúe de barrera. Recordad que los bizcochos no se hornean en la bandeja sino en la rejilla del horno.

Cuando esté horneado y frío lo dividiremos en tres capas.

El almíbar.

  • 200 g. de agua
  • 200 g. de azúcar
  • 20 g. de licor al gusto


En mi caso utilicé un licor de avellanas que tenía por casa y que le fue perfecto.

Se pone en un cazo todos los ingredientes del almíbar y se llevan a ebullición, removiendo de vez en cuando para facilitar que se disuelva el azúcar. Se reserva y se deja templar hasta su uso.

El relleno

Aunque yo conocía su versión más sencilla, que es relleno de nata, al llegar a Madrid me encontré con que una de las capas era de trufa. Lo siento, a mí no me gusta, no entiendo esa manía de echar chocolate a toda tarta que se precie, si quiero chocolate ya me haré una tarta especifica de chocolate (¡uy qué a gusto me he quedado!). 

  • 400 g. de nata para montar (con 35% de materia grasa mínimo)
  • 40 g. de azúcar glass (se pueden usar 80 g. si sois muy golosos)
  • 30  g de estabilizante para nata o maicena disuelta en un poco de leche (opcional)


El estabilizante ayuda a mantener más firme la nata durante más tiempo, como en mi caso la tarta no iba a viajar más allá de la nevera a la mesa no lo utilicé, en este caso se añade al principio. También se puede usar una cucharadita de maicena disuelta en un poco de leche si no se tiene estabilizante, en este otro caso se añadirá a la nata cuando comience a montar. De todas formas, el azúcar glass que compramos ya lleva un poco de harina de maíz.

Teniendo en cuenta lo anterior comenzaremos a montar la nata que ha de estar muy fría, recién sacada de la nevera y cuando empiece a espumar se echa el azúcar y seguimos batiendo hasta que esté bien montada.

Vaaale, que queréis una capa de trufa, pues separad la mitad de la nata, agregad dos cucharaditas de cacao en polvo y batid hasta integrarlo.

La cobertura. Yema tostada.

  • 100 g. de azúcar
  • 100 g. de agua
  • 3 yemas de huevo
  • 1 cucharadita de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 1 cucharada de maicena
  • Un poco de leche
  • Azúcar moreno


Primero haremos un almíbar cociendo el agua con el azúcar, pero a diferencia del anterior lo dejaremos más tiempo en el fuego para que reduzca un poco y que sea más espeso. Se aparta del fuego y se deja templar ligeramente.

Mientras tanto diluimos la maicena en un poco de leche y la cucharadita de mantequilla. Esta mezcla se añade a las yemas y se mezcla hasta integrar. Las yemas con la maicena se echan poco a poco en el almíbar pero mientras removemos rápidamente con unas varillas para evitar que cuajen. Se pone todo a fuego medio y se remueve sin parar hasta que empiece a espesar.
Inmediatamente se añade a la primera capa de la bizcocho.

Ponemos encima de la yema azúcar moreno para que se caramelice; podemos hacerlo con un soplete o usar el gratinador del horno o del microondas. Cuidado, si se hace de esta forma sólo trabajaremos con la capa superior del bizcocho antes de montar la tarta o con el calor la arruinaremos. Estaremos muy pendientes porque la yema con el calor se derretirá un poco así que iremos parando el microondas cuanto nos sea necesario.


Montaje y decoración.

Cada capa bizcocho se moja generosamente con el almíbar. Se pone a cada capa una porción de nata salvo a la capa superior que es la que lleva la yema tostada (si tenemos soplete podemos tostarla ahora). Para los laterales podemos cubrirlos de nata y si nos gusta , además, con frutos secos. Yo utilicé crocante de almendra, que son pequeños trocitos de almendra caramelizada. La parte superior la podemos dejar tal cual o si nos sobra nata hacer alguna floritura con unas boquillas. Como yo la quería para un cumpleaños, un letrerito de azúcar,  unos bombones que me sobraron del “El Bollo” y las velas hicieron ese cometido. 


Notas.

Maicena es una marca española de productos de panadería y repostería pero su nombre ha trascendido al uso común del lenguaje de tal forma que es sinónimo de harina de maíz, aunque “la maicena” es exactamente harina de fécula de maíz.

Por cierto, esta fue la tarta de mi boda.

viernes, 23 de febrero de 2018

Cumpleaños Ladybug

Tarta, galletas y mesa de cumpleaños




Si algo he aprendido de este cumple es que una sola persona no puede ser una empresa de catering. 

Me gusta encargarme de todo, decoración, elaboración de recetas, detalles para invitados y por supuesto, la tarta. Y si a mi vena asturiana, de poner comida en abundancia, le añadimos que la lista de invitados se asemejaba a la de mi boda la cosa se complica.
Hay que tener en cuenta que a los cumpleaños de mis hijos están invitados amiguitos y papás, así que en la mesa tiene que haber un poco de todo.


Pero esta vez un poco de todo significaba incluir más comida saludable. A los típicos sándwich de jamón york o nocilla se unieron esta vez “mariquitas de tomate” (muy a tono con la temática del cumple), brochetas de frutas, dátiles rellenos de queso crema y nueces, frutos secos, vasitos de yogur con fresa y cereales sin azúcar, o simplemente fruta puesta en un frutero.  El problema es que habiendo otras opciones como chuches, patatitas o minipizzas, ni se plantearon las anteriores.


No todo estuvo perdido, de las brochetas comieron la mitad, algún plátano de frutero también cayó y a las mariquitas las descabezaron y se comieron sólo las aceitunas.

Elaborar cada una de estas comidas por separado es fácil y quedan muy vistosas, pero todas juntas llevan mucho trabajo teniendo en cuenta que hay que hacerlas el mismo día del cumple para que estén lo más frescas posibles.

Vasitos de yogur: fresas, yogur natural sin azúcar, cereales de maíz sin azúcar. En un vasito pequeño de plástico se pone una fresa picada en trozos pequeñitos, medio yogur natural y encima unos pocos cereales.

Dátiles rellenos: Dátiles preferiblemente deshuesados, queso crema, nueces. Si los dátiles vienen con hueso retirarlo previamente sin llegar a dividir el dátil en dos, rellenar el hueco dejado por el hueso con queso crema y poner encima media nuez.

Mariquitas de tomate: Tomatitos cherry, queso crema, aceitunas negras deshuesadas, cebollino, tostadas u hojas de espinacas baby. Si se van a usar las tostadas en lugar de las espinacas el pan puede quedar blando por el queso y el jugo del tomate, se puede untar un poco de mantequilla para evitarlo. Se unta la base con queso crema, encima se pone medio tomate cherry cortado a la mitad y separado ligeramente por uno de los extremos simulando las alas abiertas, media aceituna negra simulando la cabeza, dos trocitos de ramitas de cebollino para las antenas y aceituna negra picada muy pequeñita para los puntitos de las alas.

Brochetas de frutas: utilizad fruta de varios tipos al gusto y combinadla en un palillo de madera para brochetas. En mi caso fueron fresas, piña, uvas verdes sin pepita, melón y uvas negras sin pepita. Aunque las presenté en una bandeja, para la ocasión utilicé la cáscara del melón como decoración simulando una barbacoa; es muy fácil y vistoso, una vez vaciado el melón se hace la rejilla con unas brochetas, de patas se utilizan unos trozos de ramitas de apio y para la tapa añadí un trozo de alambre muy grueso a forma de asa.



Galletas Ladybug.

Algo muy característico de este personaje es su yoyó con el que caza los pequeños “akumas” (demonios en japonés)  con forma de mariposa para liberarlos del mal. Es de color rojo con círculos negros y una raya negra central por donde se abre para atrapar a las mariposas. Elaborar galletas de este yoyó con la decoración en fondant es muy sencillo y rápido de hacer, además se pueden hacer con mucha antelación y conservarlas en una caja cerrada en un lugar fresco y seco.
La receta para la masa es la que utilizo siempre de Bea Roque (enlace).


Tarta Ladybug. Tarta de moca rellena de caramelo salado.

Bizcocho de moca

Aquí llamamos moca a una combinación de café con chocolate. Últimamente tengo predilección por los bizcochos que se hacen con aceite en lugar de mantequilla; este queda muy jugoso. He utilizado la receta del bizcocho de Pamela de “Quiero cupcakes” que hizo en colaboración con María Lunarillos. Podéis ver la receta y un video en este enlace.

La buttercream de café la usé como barrera para el relleno de caramelo y cobertura exterior.

Caramelo salado.

¡ADVERTENCIA: ELEVADO RIESGO DE COMÉRSELO A CUCHARADAS Y QUE HAYA QUE IMPROVISAR OTRO RELLENO!

Lo normal es que se avise del cuidado que hay que tener con la elaboración del caramelo pues las quemaduras pueden ser muy graves pero nadie dice lo riquísimo que está y lo difícil que es resistirse a la tentación.

Otra cosa que me llama la atención es lo de salado. Bien, pues no está saldado, sólo es que se le echa un poco de sal para potencia el sabor.

Hay varias formas de hacer esta receta, la que yo he utilizado es:
  • 200 gr. de azúcar
  • 2 cucharadas de agua
  • 200 ml de nata para montar (un brick pequeño)
  • 20 gr. de mantequilla
  • Una pizca de sal

En un cazo echamos el azúcar con el agua y removemos un poco para que se integre, lo dejaremos a fuego medio y no removeremos más hasta que el caramelo coja un color dorado, unos 30 minutos, cuanto más oscuro será más amargo. Incorporamos la mantequilla y ahora ya sí podemos remover y seguido echaremos la nata, cuando esté todo incorporado añadimos la sal y dejamos un minuto al fuego. Retiramos, dejamos que se enfríe y ya podemos guardarlo en un frasco hasta su uso. Puede aguantar meses a temperatura ambiente… si resistes la tentación.

La decoración.

Es muy característico de este personaje, el color rojo y los lunares de su uniforme, así como edificios históricos de París, ciudad donde se desarrolla la acción, todos estos elementos los encontré en distintas tartas que he visto por internet, obviamente yo también los incluí, pero me llamó la atención no encontrar mariposas en ninguna tarta.  La serie se basa en que un malvado villano utiliza mariposas blancas, que convierte en akumas, transformándolas en mariposas negras y estas buscan a una persona a la que infectar su maldad para convertirla en super villano. Ladybug tiene que encontrar la pequeña mariposa que infecta a las personas y “liberarla del mal” con su yoyó. Así que a mí las mariposas me parecieron muy importantes y las añadí a la tarta en un viaje de transformación de negras a blancas desde el fondo de la tarta hasta el encuentro con la heroína.














Yoyos de recuerdo.

Vale, esto no se come pero los he elaborado yo así que ahí va la receta:

La temática del cumpleaños se prestaba a tener estos detallitos con los pequeños invitados. Lo habitual es darles una pequeña bolsita de chuches pero creí que con las que habría en la mesa ya estarían saturados de dulce y decidí que tuvieran un pequeño recuerdo algo más duradero. Otra vez el yoyó, al igual que con las galletas, fue el protagonista. Encargué unos pequeños yoyós rojos de madera, con rotuladores negros de distintos grosores les dibujé los círculos, los volví a embolsar y les añadí una etiqueta de agradecimiento. 



¡Adiós locura, hasta el año que viene!


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Buho navideño


A quién no se le ha enredado alguna vez las luces de navidad. Las guardas con cuidado, tienes un método para que no se enreden pero al año siguiente parece que hayan bailado en su caja una cumbia cruzada… sin mucho éxito.

Por otro lado, me encantan los búhos y las “curuxas”, me parecen unas aves bellísimas y símbolo de  inteligencia y sensatez, y como desenredar las luces desafía la inteligencia y los nervios, imaginé una escena divertida con un búho asombrado por la situación.


Diseñando
Esta galleta lleva un diseño previo de varios días pensando en la forma de la casa, el tamaño del búho, su posición o los colores a utilizar, y aún así el resultado final difiere con los bocetos previos.

Quería que la galleta tuviese forma de casa, como no tengo cortador específico y además quería una casa que no fuera de líneas rectas sino con paredes y tejados sutilmente curvos, hice una plantilla con un cartón duro y corté la masa con un cuchillo bien afilado; para esto la masa ha de estar muy fría.

Para la entrada a la casita realicé un agujero al que le puse trocitos de caramelo, al hornearse con la galleta el caramelo se derrite y rellena la superficie, la galleta se ha de hornear sobre papel sulfurizado, también llamado papel de hornear o papel vegetal. Hay que tener mucho cuidado cuando se sacan las galletas, por norma se dejan unos minutos en la bandeja pero en este caso al llevar caramelo hay que dejarlo enfriar unos minutos más para que al moverlas el caramelo derretido no se quede en la bandeja, y traspasarlas a otro papel sulfurizado porque aunque nos parezca frío el caramelo tarda mucho en enfriar del todo y si lo ponemos sobre otro tipo de superficie, por ejemplo un paño de algodón, el caramelo se pegará.

Antes de hornear
Horneadas

Para conseguir glasa de color rojo o negro hay que utilizar colorantes buenos como el “Extra Red” de Sugarflair además de utilizar mucha cantidad, así que esta vez para no complicarme con estos dos colores compré glasa preparada en tubo de la marca Wilton. Esta glasa es en teoría muy fácil de utilizar, basta enroscar un adaptador de boquilla al tubo y está listo… en teoría. Pues bien, la glasa es tan espesa que le cuesta salir por la boquilla, dio igual masajear el tubo, apretar con fuerza o calentar la boquilla, terminé pasándola a una manga pastelera diluyéndola previamente con agua, y aun así no conseguí la consistencia que deseaba, de hecho seguía siendo tan espesa que al apretar reventó la manga y casi estropea una galleta, con lo que terminé haciendo mi propia glasa.

Distintas fases de la decoración
La receta de la glasa es sencilla, clara de huevo, azúcar glass, unas gotas de limón y el colorante deseado.

Las cantidades que suelo usar son:
  • 2 claras de huevo
  • El azúcar glass que pida (400 g. aprox.)
  • 5 gotas de zumo de limón

Se empieza batiendo las claras hasta que espumen y se añaden las gotas de limón que facilitarán el secado y que el azúcar no cristalice. El azúcar se va echando de poco a poco hasta conseguir una consistencia que permita hacer delineaciones sin que se desborde por la superficie, para comprobar la consistencia tomaremos un poco de grasa con una boquilla y dibujaremos una cruz, la glasa tiene que salir por la boquilla de forma continua sin romperse y las aspas de la cruz dibujada no tienen que diluirse una aspa sobre otra. Añadiremos el colorante en gel, dependiendo de la cantidad que añadamos hay que volver a comprobar la consistencia de la glasa porque el colorante puede cambiarla.

En caso de que la glasa nos quedase demasiado espesa se puede añadir agua, pero será de gota en gota, y así iremos jugando con el agua y el azúcar.









La glasa se puede preparar con antelación, para conservarla se dejará en un recipiente tapada con un paño de algodón humedecido y que toque la glasa para que no entre aire, sino se secará la superficie.
Sólo queda enviarlas a sus destinatarios pero eso será otro día.


¡Feliz Navidad!







sábado, 4 de noviembre de 2017

Assassanation Classroom


Esta especie de “bicho/pulpo/profesor-universitario-de-gala/bailaor-de-flamenco” amarillo es Koro-sensei, el personaje principal de la serie de anime “Assassanation Classroom”.

Y esa mismita cara que estáis poniendo es la que se me quedó a mi cuando mi hijo me pidió una tarta con temática de esta serie, rictus que me duró desde agosto, mes de la petición sabedor de que la tarta podía tener su complicación, hasta noviembre en que cumple años.

Claro, yo además no podía hacer una tarta sencilla, colocar una oblea impresa o hacer al bicharraco en cuestión en 2D. No, yo tenía que ir a por el personaje principal y a lo grande.

El cuerpo es muy fácil de hacer, tan solo son capas de bizcocho terminadas en forma redondeada en la parte superior y rebajadas en la capa inferior para poder introducir los múltiples piececitos. La cabeza tampoco es difícil aunque si laboriosa, no la hice de bizcocho porque con el cuerpo había tarta más que suficiente, tampoco de RKT porque no se iba a comer de ninguna manera y sabía que mi hijo la querría conservar, además, no llegaría a tener una esfera perfecta, así que la mejor opción fue una bola de porexpan. Ahora luce cual trofeo en la habitación de mi hijo.


Sin embargo lo que me tuvo preocupada durante esos dos meses fue cómo hacer los brazos y que se sujetaran como si bailara la primera y la segunda a la vez de una sevillana, repito, no podía hacerlo fácil y dejarlos arrastrando, no, el bicho los tiene en alto, pues arriba que se van. Hice muchas pruebas con RKT y alambres pero el peso los vencía. La solución final se me ocurrió en el último momento: forré alambre galvanizado con fondant y lo dejé endurecer unos días sobre una superficie plana, el alambre es muy endeble y se dobla con el peso, es el fondant lo que mantiene la forma pero el alambre dentro hace que no se rompa. Unirlos a la tarta fue una complicación añadida, si los introducía individualmente se caía rompiendo el bizcocho porque este no tenía la fuerza suficiente para sostenerlos. Si unía los brazos y los colocaba entre las capas de bizcocho su forma redondeada hacía que girara por el peso y se vinieran abajo. Así que hice una plataforma rectangular de porexpan del grosor de una capa de bizcocho y los até a ella, sustituí parte del bizcocho por la estructura y voilá. (Nota: siempre que en una tarta se añadan elementos no aptos para alimentos se debe evitar el contacto forrándolos con un material apto como por ejemplo film de cocina).



Y a todo esto de qué era la tarta, pues a petición del interesado de bizcocho de chocolate blanco relleno de buttercream de chocolate blanco. La receta pertenece al libro de Tarta Perfecta de Alma Obregón que he utilizado otras veces y al ser tal cual no la reproduzco.


Pues así cumplió 15 años mi hijo, ya tengo todo un chicarrón del norte.










domingo, 23 de julio de 2017

Bola de mármol rosa.


En mi casa ocurre un fenómeno que consiste en que botellas de diversos licores y origen olvidado languidecen en el fondo de la despensa a la espera de que un día les de salida.

Normalmente ven la luz aquellos días que toca limpieza general y su esperanza se desvanece cuando después de dejarlas libres de polvo vuelven a la oscuridad de las profundidades del armario.
Por otro lado mi cumpleaños lo utilizo para experimentar, ya sea con nuevos sabores, nuevas técnicas o ambos.

Y aquí tuve la idea de utilizar alguna de las botellas para dar sabor a los bizcochos. Le tocó el turno a la de “limoncello”; para ello utilicé la receta clásica del bizcocho de yogur y le añadí dos cucharadas del licor. El resultado fue un bizcocho con un fuerte sabor a limón que gustó mucho. Para este bizcocho le va muy bien el relleno de crema de queso.

A la receta del bizcocho de yogur me gusta llamarla 1, 2, 3, 4 porque es la cantidad de los ingredientes principales.

Receta de bizcocho de yogur con “limoncello”:

La medida que se utiliza para la cantidad de ingredientes es el vaso de yogur.

Ingredientes:

-          1 yogur
-          1 vaso de aceite de girasol (u otro aceite de sabor muy suave)
-          2 vasos de azúcar
-          3 vasos de harina todo uso
-          4 huevos
-          2 cucharaditas de polvos de hornear (1/2 sobre de levadura Royal)
-          2 cucharadas de licor de “limoncello”

Elaboración:

Precalentar el horno a 170º.

Tamizar la harina junto con la levadura y reservar.

Batir los huevos con el azúcar hasta que esté todo integrado, seguir con el aceite, las cucharadas de “limoncello” y el yogur. Cuando esté todo bien mezclado añadir la harina tamizada y la levadura poco a poco. Dejar que se integre y batir un par de minutos a velocidad alta.

Preparar el molde con un spray desmoldante o en su defecto impregnándolo de una capa fina de aceite y espolvoreando harina por toda la superficie.

Hornear unos 40 minutos o hasta que al pinchar en el centro con una brocheta salga limpia.
Para la forma de esfera utilicé unos moldes especiales que son una pequeña ayuda pero no impiden tener que moldear el bizcocho ya que al rellenar la tarta de crema tiende a perder la forma y hay que ir corrigiendo.


Nueva técnica.


Hace poco que apareció la cobertura de espejo, esta técnica creada por Olga Noskova está haciendo furor y no es para menos pues su apariencia es sencillamente elegante.



Como a todo hay que cogerle el punto, perno no es difícil aunque sí muy lenta. De los ingredientes que más nos puede extrañar es la glucosa, la podemos encontar en tiendas especializadas, tal cual como glucosa y en algunos supermercados como "corn syrup" o jarábe de maíz. Es un producto que merece la pena tener pues su caducidad es muy larga, aun así también se puede hacer en casa, como puede conservarse por mucho tiempo se puede hacer con antelación y guardar en una botella para usarlo más tarde.

Para saber cómo se hace la glucosa para repostería os dejo un vídeo que me encanta del programa "En casa contigo" presentado por Silvia Tortosa.

Cobertura espejo.


Ingredientes:

-           20 gr de gelatina en polvo
-          120 ml de agua para hidratar la gelatina
-          300 gr de glucosa
-          300 gr de azúcar
-          150 ml de agua
-          200 gr de leche condensada
-          300 gr de chocolate cortado en trozos pequeños (en este caso blanco)
-          Colorante alimentario (opcional)

Elaboración.
Se mezcla el agua (120 ml) y la gelatina y se reserva. Hervimos la glucosa junto con el azúcar y los 150 ml de agua, cuando empiece a burbujear se retira del fuego y se añade la gelatina sin parar de remover hasta que se disuelva. Añadimos la leche condensada y el chocolate y mezclamos con una batidora. 
Si queremos darle color añadiremos ahora el colorante.
Hay que dejarlo enfriar hasta una temperatura que permita a la mezcla tener la viscosidad que haga que se quede pegada a la tarta, En casi todas las recomendaciones de internet aconsejan dejar enfriar la mezcla hasta los 35º, bien, esto es una orientación, en mi caso tuve que dejarla bajar hasta los 30º. Como en todo es ensayo y error. Es este proceso de enfriamiento el que es largo, puede tardar horas en alcanzar la temperatura deseada.
Algo importante a parte de la temperatura es que no tengamos trozos de chocolate ni burbujas así que pasaremos la mezcla por un colador.
Si lo que queremos es un efecto marmoleado yo prefiero que enfríe toda la mezcla y después separarla en varios recipientes y agregar el color, ya que al no usar la misma cantidad de mezcla para los colores esto hará que unos enfríen antes.
Otra cosa a tener en cuenta es que la tarta a cubrir esté fría y no a temperatura ambiente.
Y este fue mi resultado, con el bizcocho en forma de esfera y con esta cobertura la tarta se asemejó a una bola de cerámica o mármol rosado.



domingo, 28 de mayo de 2017

Tarta gimnasia rítmica (2)



A medida que Emma crece, y ya son 9 años, se ve un cambio en las tartas. Si bien está en una época en que lo mismo te puede pedir un tema más infantil también sale a relucir sus aficiones de niña mayor. Siguiendo los pasos de su hermana Laia se ha decantado por la gimnasia rítmica, una disciplina muy exigente pero muy bonita.


Siendo Emma, la tarta no puede ser más que de chocolate, así que el bizcocho es el que aparece en el libro de recetas de Alma Obregón, "Objetivo: Tarta perfecta" y para el relleno una sencilla ganache de chocolate.


Ganache de chocolate.

Yo utilicé mucha cantidad pero dejo una receta más reducida en ingredientes, lo fácil de esta receta es que se trata de añadir el mismo peso de nata que de chocolate. Lo importante es que la nata tenga el mayor porcentaje de grasa que encontréis en el mercado, en España sería la que está clasificada como nata para montar, que tiene un porcentaje de un 35% o superior.

- 300 gr. de nata para montar
- 300 gr. de chocolate negro (70% cacao)

Se trocea el chocolate lo más pequeño que se pueda para facilitar que se derrita. Se calienta la nata hasta que comineza a hervir procurado moverla con unas varillas para evitar que se queme. En este punto se va echando el chocolate y removeremos hasta que este se derrita.
Retiraremos del fuego y dejaremos que temple.
Podemos dejarlo en la nevera hasta el día siguiente bien tapado para que no coja olores.
Para utilizarlo de rellene deberemos montarlo previamente.


Y para terminar, más fotos de la tarta.